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Job 4

Primera serie de diálogos

Elifaz#4.15.27 Con elevado tono oratorio, Elifaz expone la doctrina de la retribución, comúnmente aceptada, que se resumía en estos dos principios: Dios recompensa en la tierra las acciones buenas y malas, y hay una proporción exacta entre lo que cada uno hace y el premio o el castigo que recibe. De ahí la conclusión: si a Job le ha tocado sufrir tanto, en algo grave habrá ofendido a Dios. El mismo Job había compartido esa doctrina en otro tiempo (cf. 29.18-20; 30.26), pero su terrible experiencia lo hizo cambiar de parecer.

1,2 Seguramente, Job, te será molesto

que alguien se atreva a hablarte,

pero no es posible quedarse callado.

3 , que dabas lecciones a muchos

y fortalecías al débil;

4 , que animabas a levantarse al que caía

y sostenías al que estaba por caer,

5 ¿te acobardas y pierdes el valor

ahora que te toca sufrir?

6 , que eres un fiel servidor de Dios,

un hombre de recta conducta,

¿cómo es que no tienes plena confianza?

7 Piensa, a ver si recuerdas un solo caso

de un inocente que haya sido destruido.

8 La experiencia me ha enseñado

que los que siembran crimen y maldad

cosechan lo que antes sembraron.

9 Dios, en su furor, sopla sobre ellos

y los destruye por completo.

10 Por más que gruñan y rujan como leones,

Dios los hará callar rompiéndoles los dientes.

11 Morirán como leones que no hallaron presa,

y sus hijos4.11 En contraposición con la doctrina de Elifaz, que extendía el castigo a los hijos del malvado, el profeta Ezequiel insiste en la responsabilidad personal de cada individuo (cf. Ez 14.13-23; 18). serán dispersados.4.7-11 La referencia a las desgracias de los impíos aparece regularmente en los discursos de los tres amigos: 5.2-7; 15.17-35; 22.15-18 (Elifaz); 8.8-19; 18.5-21 (Bildad); 11.20; 20.4-29; 27.13-23; 24.18-24 (Sofar).

12 Calladamente me llegó un mensaje,

tan suave que apenas escuché un murmullo.

13 Por la noche, cuando el sueño cae sobre los hombres,

tuve una inquietante pesadilla.

14 El terror se apoderó de ;

todos los huesos me temblaban.

15 Un soplo me rozó la cara

y la piel se me erizó.

16 Alguien estaba allí,

y pude ver su silueta

pero no el aspecto que tenía.

Todo en silencioLuego una voz:

17 «¿Puede el hombre ser justo ante Dios?

¿Puede ser puro ante su creador?

18 Ni aun sus servidores celestiales

merecen toda su confianza.

Si hasta en sus ángeles encuentra Dios defectos,

19 ¡cuánto más en el hombre, ser tan débil

como una casa de barro construida sobre el polvo,

y que puede ser aplastado como la polilla!

20 Entre la mañana y la tarde es destruido;

muere para siempre, y a nadie le importa.

21 Su vida acaba como un hilo que se corta;

muere sin haber alcanzado sabiduría.»4.17-21 El tema de la indignidad del hombre ante Dios se encuentra también en Job 15.14-16; 25.4-6.

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