Pular para o conteúdo
Publicidade

2 Reis 6

IRB20

1 LOS hijos de los profetas dijeron á Eliseo: He aquí, el lugar en que moramos contigo nos es estrecho. 2 Vamos ahora al Jordán, y tomemos de allí cada uno una viga, y hagámonos allí lugar en que habitemos. Y él dijo: Andad. 3 Y dijo uno: Rogámoste que quieras venir con tus siervos. Y él respondió: Yo iré. 4 Fuése pues con ellos; y como llegaron al Jordán, cortaron la madera. 5 Y aconteció que derribando uno un árbol, cayósele el hacha en el agua; y dió voces, diciendo: ­Ah, señor mío, que era emprestada! 6 Y el varón de Dios dijo: ¿Dónde cayó? Y él le mostró el lugar. Entonces cortó él un palo, y echólo allí; é hizo nadar el hierro. 7 Y dijo: Tómalo. Y él tendió la mano, y tomólo. 8 Tenía el rey de Siria guerra contra Israel, y consultando con sus siervos, dijo: En tal y tal lugar estará mi campamento.

9 Y el varón de Dios envió á decir al rey de Israel: Mira que no pases por tal lugar, porque los Siros van allí.

10 Entonces el rey de Israel envió á aquel lugar que el varón de Dios había dicho y amonestádole; y guardóse de allí, no una vez ni dos.

11 Y el corazón del rey de Siria fué turbado de esto; y llamando á sus siervos, díjoles: ¿No me declararéis vosotros quién de los nuestros es del rey de Israel?

12 Entonces uno de los siervos dijo: No, rey, señor mío; sino que el profeta Eliseo está en Israel, el cual declara al rey de Israel las palabras que hablas en tu más secreta cámara.

13 Y él dijo: Id, y mirad dónde está, para que yo envíe á tomarlo. Y fuéle dicho: He aquí él está en Dothán.

14 Entonces envió el rey allá gente de á caballo, y carros, y un grande ejército, los cuales vinieron de noche, y cercaron la ciudad.

15 Y levantándose de mañana el que servía al varón de Dios, para salir, he aquí el ejército que tenía cercada la ciudad, con gente de á caballo y carros. Entonces su criado le dijo: ­Ah, señor mío! ¿qué haremos?

16 Y él le dijo: No hayas miedo: porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos.

17 Y oró Eliseo, y dijo: Ruégote, oh Jehová, que abras sus ojos para que vea. Entonces Jehová abrió los ojos del mozo, y miró: y he aquí que el monte estaba lleno de gente de á caballo, y de carros de fuego alrededor de Eliseo.

18 Y luego que los Siros descendieron á él, oró Eliseo á Jehová, y dijo: Ruégote que hieras á esta gente con ceguedad. E hiriólos con ceguedad, conforme al dicho de Eliseo.

19 Después les dijo Eliseo: No es este el camino, ni es esta la ciudad; seguidme, que yo os guiaré al hombre que buscáis. Y guiólos á Samaria.

20 Y así que llegaron á Samaria, dijo Eliseo: Jehová, abre los ojos de éstos, para que vean. Y Jehová abrió sus ojos, y miraron, y halláronse en medio de Samaria.

21 Y cuando el rey de Israel los hubo visto, dijo á Eliseo: ¿Herirélos, padre mío?

22 Y él le respondió: No los hieras; ¿herirías á los que tomaste cautivos con tu espada y con tu arco? Pon delante de ellos pan y agua, para que coman y beban, y se vuelvan á sus señores.

23 Entonces les fué aparejada grande comida: y como hubieron comido y bebido, enviólos, y ellos se volvieron á su señor. Y nunca más vinieron cuadrillas de Siria á la tierra de Israel.

24 Después de esto aconteció, que Ben-adad rey de Siria juntó todo su ejército, y subió, y puso cerco á Samaria.

25 Y hubo grande hambre en Samaria, teniendo ellos cerco sobre ella; tanto, que la cabeza de un asno era vendida por ochenta piezas de plata, y la cuarta de un cabo de estiércol de palomas por cinco piezas de plata.

26 Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le dió voces, y dijo: Salva, rey señor mío.

27 Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te tengo de salvar yo? ¿del alfolí, ó del lagar?

28 Y díjole el rey: ¿Qué tienes? Y ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío.

29 Cocimos pues mi hijo, y le comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido su hijo.

30 Y como el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro: y llegó á ver el pueblo el saco que traía interiormente sobre su carne.

31 Y él dijo: Así me haga Dios, y así me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Saphat quedare sobre él hoy.

32 Estaba á la sazón Eliseo sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos: y el rey envió á él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese á él, dijo él á los ancianos: ¿No habéis visto como este hijo del homicida me envía á quitar la cabeza? Mirad pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, é impedidle la entrada: ¿no viene tras él el ruido de los pies de su amo?

33 Aun estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía á él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué tengo de esperar más á Jehová?

La scure ritirata dal Giordano

1 I discepoli dei profeti dissero a Eliseo: "Ecco, il luogo dove noi ci raduniamo alla tua presenza è troppo stretto per noi. 2 Lasciaci andare fino al Giordano; ciascuno di noi prenderà una trave, e costruiremo un luogo dove poterci radunare". Eliseo rispose: "Andate". 3 Uno di loro disse: "Ti prego, dègnati di venire anche tu con i tuoi servi". Egli rispose: "Verrò". 4 Così andò con loro. Quando furono giunti al Giordano, si misero a tagliare legna. 5 Mentre uno di loro abbatteva un tronco, il ferro della scure gli cadde nell’acqua; perciò egli cominciò a gridare: "Ah, mio signore! l’avevo presa in prestito!". 6 L’uomo di Dio disse: "Dove è caduta?". E lui gli indicò il luogo. Allora Eliseo tagliò un pezzo di legno, lo gettò in quello stesso luogo, fece venire a galla il ferro, e disse: "Prendilo". 7 Ed egli stese la mano e lo prese.

I Siri colpiti di cecità

8 Mentre il re di Siria faceva guerra contro Israele, in un consiglio che tenne con i suoi servi, disse: "Io porrò il mio accampamento in tale e tal luogo". 9 E l’uomo di Dio mandò a dire al re d’Israele: "Guardati dal trascurare quel tale luogo, perché vi stanno scendendo i Siri". 10 Allora il re d’Israele mandò gente verso il luogo che l’uomo di Dio gli aveva detto, e circa il quale lo aveva avvisato; e si mise in guardia. Il fatto avvenne non una due, ma più volte. 11 Questa cosa turbò molto il cuore del re di Siria, che chiamò i suoi servi, e disse loro: "Fatemi sapere chi dei nostri è per il re d’Israele?". 12 Uno dei suoi servi rispose: "Nessuno, o re, mio signore! ma Eliseo, il profeta che è in Israele, fa sapere al re d’Israele perfino le parole che tu dici nella camera dove dormi". 13 Allora il re disse: "Andate, vedete dove si trova, e io lo manderò a prendere". Gli fu riferito che era a Dotan. 14 E il re vi mandò cavalli, carri e gran numero di soldati, i quali giunsero di notte e circondarono la città. 15 Il servitore dell’uomo di Dio si alzò di buon mattino e, uscito fuori, ecco che un gran numero di soldati con cavalli e carri accerchiava la città. Il servo disse all’uomo di Dio: "Ah, signore mio, come faremo?". 16 Egli rispose: "Non temere, perché quelli che sono con noi sono più numerosi di quelli che sono con loro". 17 Eliseo pregò e disse: "O Eterno, ti prego, apri i suoi occhi, affinché veda!". E l’Eterno aprì gli occhi del servo, che vide a un tratto il monte pieno di cavalli e di carri di fuoco intorno a Eliseo. 18 E mentre i Siri scendevano verso Eliseo, questi pregò l’Eterno e disse: "Ti prego, acceca questa gente!". E l’Eterno li accecò, secondo la parola di Eliseo. 19 Allora Eliseo disse loro: "Non è questa la strada, e non è questa la città; seguitemi e io vi condurrò all’uomo che voi cercate". E li condusse a Samaria. 20 Quando furono entrati in Samaria, Eliseo disse: "O Eterno, apri loro gli occhi, affinché vedano". L’Eterno aprì loro gli occhi, e a un tratto videro che si trovavano nel mezzo di Samaria. 21 E il re d’Israele, appena li vide, disse a Eliseo: "Padre mio, li devo colpire? li devo colpire?". 22 Eliseo rispose: "Non li colpire! Colpisci forse quelli che fai prigionieri con la tua spada e con il tuo arco? Metti davanti a loro del pane e dell’acqua, affinché mangino e bevano, e se ne tornino dal loro signore". 23 Il re d’Israele preparò loro una grande quantità di cibi e, quando ebbero mangiato e bevuto, li congedò, ed essi tornarono dal loro signore; e le bande dei Siri non vennero più a fare incursioni sul territorio d’Israele.

Assedio e liberazione di Samaria

24 Dopo queste cose Ben-Adad, re di Siria, radunò tutto il suo esercito, salì contro Samaria, e l’assediò. 25 Ci fu una grande carestia in Samaria; i Siri l’assediarono tanto che una testa di asino si vendeva a ottanta sicli d’argento, e il quarto di un cab di sterco di colombi, a cinque sicli d’argento. 26 Mentre il re d’Israele passava sulle mura, una donna gli gridò: "Aiutami, o re, mio signore!". 27 Il re le disse: "Se non ti aiuta l’Eterno, come posso aiutarti io? Con quello che l’aia o con quello che il torchio?". 28 Poi il re aggiunse: "Che hai?". Lei rispose: "Questa donna mi disse: Dammi tuo figlio, che lo mangiamo oggi; domani mangeremo il mio. 29 Così abbiamo cotto mio figlio, e lo abbiamo mangiato. Il giorno seguente io le dissi: Dammi tuo figlio, che lo mangiamo. Ma lei ha nascosto suo figlio". 30 Quando il re ebbe udito le parole della donna, si stracciò le vesti e, mentre passava sulle mura, il popolo vide che sotto, sulla carne, portava un cilicio. 31 Il re disse: "Mi tratti Iddio con tutto il suo rigore, se oggi la testa di Eliseo, figlio di Safat, rimane ancora sulle sue spalle!". 32 Ora Eliseo se ne stava seduto in casa sua, e con lui stavano seduti gli anziani. Il re mandò avanti un uomo; ma prima che questo messaggero arrivasse, Eliseo disse agli anziani: "Lo vedete voi che questo figlio di un assassino manda qualcuno a tagliarmi la testa? Badate bene; quando arriva il messaggero, chiudete la porta, e tenetegliela ben chiusa in faccia. Non si sente già dietro di lui il rumore dei passi del suo signore?". 33 Egli parlava ancora con loro, quando ecco scendere verso di lui il messaggero. E il re disse: "Ecco, questo male viene dall’Eterno; che ho più da sperare dall’Eterno?".

Veja também