10 Pablo contestó:
—Estoy ante el tribunal del emperador romano, que es donde debo ser juzgado. Como bien sabe usted, no he hecho nada malo contra los judíos. 11 Si he cometido algún delito que merezca la pena de muerte, no me niego a morir; pero si no hay nada de cierto en las cosas de que me acusan, nadie tiene el derecho de entregarme a ellos. Pido que el emperador mismo me juzgue.25.9-11 Pablo, sabiendo que en Jerusalén no tendría un juicio imparcial por causa de la presión de los judíos, apela al emperador (en la persona del gobernador, o en la del propio emperador); era éste un derecho que le correspondía como ciudadano romano.
12 Festo entonces consultó con sus consejeros, y luego dijo:
—Ya que has pedido que te juzgue el emperador, al emperador irás.25.12 Festo ordena que el caso se juzgue ante el emperador mismo, lo cual llevará a Pablo hasta Roma (Hch 27—28).