9 Y Dios le dijo:
—Tráeme una ternera, una cabra y un carnero, de tres años cada uno, y también una tórtola y un pichón de paloma.15.9 Estos animales son los elementos necesarios para la celebración de una antigua ceremonia, que tenía lugar cuando se concertaba un pacto. Los animales sacrificados se partían por la mitad (v. 10), y los contratantes pasaban entre las dos mitades pronunciando un juramento o una fórmula de imprecación. Los animales partidos por la mitad eran, a su vez, el símbolo de la suerte que ellos mismos correrían si faltaban al compromiso contraído. Cf. Jer 34.18-19.
10 Abram trajo todos estos animales a Dios, los partió por la mitad y puso una mitad frente a otra; pero no partió las aves.
17 Cuando ya era de noche y todo estaba oscuro, apareció un horno que echaba humo y una antorcha encendida que pasaba por en medio de los animales partidos.15.17 El horno y la antorcha representan la presencia del Señor, el cual se compromete, con juramento, a mantener la promesa hecha a Abraham.18 Aquel mismo día el Señor hizo una alianza con Abram y le dijo:
—Esta tierra se la daré a tus descendientes, desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates.15.18 Río de Egipto: no el Nilo, sino el llamado también arroyo de Egipto (Jos 15.4), hoy el-Arish, al sudoeste de Palestina, cerca de la costa del Mediterráneo. El Éufrates: Véase Gn 2.10-14 n. Estos ríos marcaban los límites teóricos de la tierra prometida y coinciden en principio con los señalados en Dt 11.24; 1 R 4.21(5.1).