Mensaje contra los malos gobernantes
1 Escuchen ahora, gobernantes y jefes de Israel,
¿acaso no corresponde a ustedes
saber lo que es la justicia?3.1 Gobernantes y jefes de Israel: no sólo los reyes y sacerdotes, sino también los jueces que debían administrar justicia (2 Cr 19.4-7). Cf. Lv 19.15; Dt 1.16; 16.18-20.
2 En cambio, odian el bien y aman el mal;
despellejan a mi pueblo
y le dejan los huesos pelados.3.2 Is 1.17; 5.20; Am 5.15.
3 Se comen vivo a mi pueblo;
le arrancan la piel y le rompen los huesos;
lo tratan como si fuera carne para la olla.
4 Un día llamarán ustedes al Señor,
pero él no les contestará.
En aquel tiempo se esconderá de ustedes
por las maldades que han cometido.Is 1.15.
Mensaje contra los profetas engañadores
5 Mi pueblo sigue caminos equivocados
por culpa de los profetas que lo engañan,
que anuncian paz3.5 Anuncian paz: Cf. Jer 28.2-11. a quienes les dan de comer
pero declaran la guerra
a quienes no les llenan la boca.3.5 Llenan la boca: Alusión irónica a los profetas que acomodaban sus palabras según el pago que recibían. Cf. Jer 6.14; 8.11; 14.13; 23.16-17.
El Señor dice a esos profetas:
6 «No volverán ustedes a tener
visiones proféticas en la noche
ni a predecir el futuro en la oscuridad.»
El sol se pondrá para esos profetas,
y el día se les oscurecerá.
7 Esos videntes y adivinos
quedarán en completo ridículo.
Todos ellos se quedarán callados
al no recibir respuesta de Dios.
8 En cambio, a mí, el espíritu del Señor
me llena de fuerza, justicia y valor,
para echarle en cara a Israel su rebeldía y su pecado.3.8 A diferencia de los profetas que vendían su mensaje, Miqueas habla y actúa bajo la inspiración del espíritu del Señor. Cf. Is 6; 61.1-3; Jer 1.4-8; Ez 1—2.
Ruina de Jerusalén
9 Escuchen esto ahora, gobernantes y jefes de Israel,
ustedes que odian la justicia
y tuercen todo lo que está derecho,
10 que construyen Jerusalén, la ciudad del monte Sión,
sobre la base del crimen y la injusticia.3.9-10 Estos vv. presentan metafóricamente el crimen y la injusticia como el cimiento sobre el que se edifica la ciudad. Cf. Ex 23.1-3,6-8; Lv 19.15; Dt 16.18-20; Am 5.7,10-15; Hab 2.12.
11 Los jueces de la ciudad se dejan sobornar,
los sacerdotes enseñan solo por dinero
y los profetas venden sus predicciones
alegando que el Señor los apoya, y diciendo:
«El Señor está con nosotros;
nada malo nos puede suceder.»
12 Por lo tanto, por culpa de ustedes,
Jerusalén, la ciudad del monte Sión,
va a quedar convertida en barbecho,
en un montón de ruinas,
y el monte del templo se cubrirá de maleza.3.12 Aquí se predice por primera vez la destrucción de la ciudad de Jerusalén, que, por ser la ciudad de Dios y lugar de su morada, era considerada inviolable e indestructible (Sal 46.4-5[5-6]; 48.1-3[2-4]; Jer 7.4). Este texto sería citado un siglo más tarde para salvar la vida del profeta Jeremías (cf. Jer 26.18).