7 »Pero bendito el hombre que confía en mí,
que pone en mí su esperanza.
8 Será como un árbol plantado a la orilla de un río,
que extiende sus raíces hacia la corriente
y no teme cuando llegan los calores,
pues su follaje está siempre frondoso.
En tiempo de sequía no se inquieta,
y nunca deja de dar fruto.17.5-8 Este poema, en el que se contraponen una maldición y una bienaventuranza, es muy semejante al Salmo 1. La correspondencia más notoria es la comparación del que confía en el Señor con un árbol plantado junto a una corriente de agua (v. 8; Sal 1.3). La diferencia más notable es la referencia a la ley, que en el salmo desempeña un papel importante y aquí, por el contrario, ni siquiera se menciona.