14 ¡Maldito el día en que nací!20.14-18 En esta parte final, el lamento de Jeremías adquiere un tono de honda desesperación. La vida se le presenta como algo absolutamente falto de sentido, en vista de los reiterados fracasos que debió experimentar. Este grito de dolor del profeta tiene un notable paralelo en Job 3.1-19.
¡Que el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito!
18 ¿Por qué salí del vientre
solo para ver dolor y penas,
y para terminar mi vida cubierto de vergüenza?