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Wisdom 12

1 porque en todos los seres está tu espíritu inmortal.

2 Por eso, a los que pecan

los corriges y reprendes poco a poco,

y haces que reconozcan sus faltas,

para que, apartándose del mal, crean en ti, Señor.

Moderación de Dios con Canaán#12.3-11a Después de hablar de los egipcios, el autor menciona a los cananeos, los antiguos habitantes de la tierra prometida por Dios a Israel. Dios los castigó por sus crímenes, pero también con ellos usó de moderación. Como contraste, cf. Sal 106.34-39, donde se reprocha a los israelitas haber seguido las mismas prácticas.

3 A los antiguos habitantes de tu santa tierra

4 los aborreciste por sus prácticas odiosas,

por practicar la magia y otros actos perversos,

5 por matar sin compasión a los niños,

y por comer en sus banquetes vísceras y carne

y hasta sangre de seres humanos.

A ellos, que practicaban tales ritos,

6 padres asesinos de criaturas indefensas,

decidiste eliminarlos por medio de nuestros antepasados,

7 para que esta tierra, la más preciosa para ti de todas,

pudiera recibir al pueblo de tus hijos.

8 Pero aun de ellos, por ser hombres, tuviste compasión:

como vanguardia de tu ejército,

les enviaste avispas,

para que acabaran con ellos poco a poco.

9 Hubieras podido, en batalla campal,

poner a los impíos en manos de los justos,

o aniquilarlos en un solo instante

por medio de fieras salvajes,

o con una severa orden de mando;

10 sin embargo, para darles oportunidad de arrepentirse,

los castigaste poco a poco,

sabiendo que eran malos por naturaleza

y perversos desde su nacimiento,

y que nunca cambiarían su modo de pensar,

11 porque eran una nación maldita desde el comienzo.

Razones de la moderación divina

No fue por miedo a nadie

por lo que dejaste sin castigo sus pecados,

12 pues, ¿quién podrá pedirte cuentas de lo que haces

u oponerse a tu sentencia?

¿Quién podrá acusarte de haber destruido

naciones que tú mismo hiciste?

¿Quién puede levantarse contra ti

para defender a los malvados?

13 Pues no existe ningún dios, fuera de ti,

que tenga todo bajo su cuidado

y a quien tú tengas que dar cuentas

de si has juzgado rectamente o no;

14 ni hay rey o gobernante que pueda hacerte frente

para defender a los que tú has castigado.

15 Puesto que eres justo, todo lo gobiernas con justicia;

y juzgas indigno de tu poder

condenar al que no merece castigo.

16 Porque tu poder es la base de tu justicia,

y como eres el dueño de todos,

de todos tienes compasión.

17 Tú despliegas tu fuerza

ante aquellos que dudan de tu gran poder,

y confundes a los que, conociéndolo, se muestran insolentes;

18 pero, precisamente porque dispones de tan gran poder,

juzgas con bondad y nos gobiernas con gran misericordia,

porque puedes usar de tu poder en el momento que quieras.

Lo que nos enseña la moderación de Dios

19 Actuando así, enseñaste a tu pueblo

que el hombre justo debe ser bondadoso,

y llenaste a tus hijos de una bella esperanza,

al darles la oportunidad de arrepentirse de sus pecados.

20 Si a los cananeos, que eran enemigos de tus hijos

y merecían la muerte,

los castigaste con tanta bondad y consideración,

dándoles oportunidad de dejar su maldad,

21 con mayor delicadeza aún has juzgado a tus hijos,

pues tú habías hecho una alianza con sus antepasados

y con juramento les habías prometido grandes bienes.

22 Mientras que a nuestros enemigos les envías mil castigos,

a nosotros nos corriges,

para que a la hora de juzgar a otros pensemos en tu bondad,

y cuando nos toque ser juzgados esperemos tu misericordia.

Después de tener compasión, Dios juzga con rigor

23 Por eso, a los egipcios insensatos,

que habían pasado su vida haciendo el mal,

los atormentaste con los mismos seres odiosos que adoraban:

24 se habían extraviado mucho siguiendo el camino del error,

aceptando como dioses a los animales más feos y repugnantes,

dejándose engañar como niños sin inteligencia;

25 y por eso, como a niños sin uso de razón,

les enviaste un castigo que los puso en ridículo.

26 Y como no escarmentaron con el ridículo y la corrección,

tuvieron que sufrir el juicio de Dios que merecían.

27 Ellos, al verse castigados con aquellos animales

que habían tenido como dioses

y que ahora eran su tormento,

reconocieron que el verdadero Dios era aquel

a quien se habían negado a conocer.

¡Así cayó sobre ellos el castigo final!

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