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Wisdom 13

El culto a los astros y a las fuerzas de la naturaleza#13.1-9 Los caps. 13—15 desarrollan ampliamente el tema de la idolatría, la más grave negación de la sabiduría. Primero se describe la idolatría como culto a los astros y a las fuerzas de la naturaleza (13.1-9), luego como culto a ídolos fabricados por el hombre (13.10—15.17) y finalmente como culto a lo animales (15.18-19). El autor ve en estas formas una degradación cada vez mayor.

1 Faltos por completo de inteligencia

son todos los hombres que vivieron sin conocer a Dios;

los cuales, a pesar de ver tantas cosas buenas,

no reconocieron al que verdaderamente existe;

los cuales, a pesar de ver sus obras,

no descubrieron al que las hizo.

2 En cambio, tuvieron por dioses que gobiernan el mundo

al fuego, al viento,

al aire ligero, a las estrellas del firmamento,

al agua caudalosa y a los astros del cielo.

3 Si con la belleza de esos seres tanto se encantaron

que llegaron a tenerlos por dioses,

deberían comprender que mucho más hermoso

es el Señor de todos ellos,

pues él, el autor de la belleza, fue quien los creó.

4 Si los asombró el poder y la actividad de aquellos seres,

deberían saber que más poderoso es quien los hizo;

5 pues, partiendo de la grandeza y la belleza de lo creado,

se puede reflexionar y llegar a conocer a su creador.

6 A esos hombres, sin embargo, no se les puede culpar del todo,

porque quizá se equivocaron

en su afán mismo de buscar a Dios y querer encontrarlo.

7 Pasan la vida en medio de las obras de Dios, tratando de estudiarlas,

y se dejan engañar por su apariencia,

ya que las cosas que ven son efectivamente bellas.

8 Sin embargo, no tienen excusa,

9 porque si fueron capaces de saber tanto,

hasta el punto de investigar el universo,

¿por qué no descubrieron antes al Señor de todos?

El culto a los ídolos#13.10—14.21 La crítica al culto de los ídolos es un tema frecuente en el AT: Sal 115.4-8; 135.15-18; Is 40.18-20; 44.9-20; Jer 10.3-16; Bar 6.7-72. Cf. también Ro 1.18-32.

10 ¡Pero qué desgraciados son

los que llaman dioses a cosas hechas por los hombres,

a objetos de oro y plata, artísticamente trabajados,

a figuras de animales,

a una piedra sin valor, tallada hace mucho por un escultor,

pues ponen su esperanza en cosas muertas!

11 Pongamos por ejemplo un carpintero:

corta un árbol fácil de manejar,

con habilidad le quita toda la corteza,

lo labra con cuidado

y hace un objeto útil para las necesidades ordinarias;

12 la madera que le sobra

la usa para preparar toda la comida que quiere.

13 Y lo que queda todavía,

un palo torcido y nudoso, que no sirve para nada,

lo toma, lo labra, simplemente por pasar el tiempo,

y lo modela, con habilidad y sin esfuerzo,

hasta sacar la imagen de un hombre

14 o lograr el parecido de un animal despreciable.

Lo cubre luego con pintura roja,

tapando así todas las imperfecciones;

15 y le hace entonces un nicho conveniente,

lo coloca en la pared y lo sujeta con un clavo.

16 Tiene que tomar precauciones para que no se caiga,

porque sabe que el ídolo mismo no puede valerse:

no es más que una imagen, y necesita ayuda.

17 Y a pesar de todo, le pide por sus bienes de fortuna,

por su esposa y por sus hijos;

no le da vergüenza dirigir la palabra

a un objeto que no tiene vida.

Para pedir la salud, acude a un ser que no la tiene;

18 para pedir la vida, acude a un ser muerto;

para conseguir protección, recurre al más incapaz;

para pedir buen viaje, a un ser que ni siquiera puede andar;

19 para tener éxito en sus negocios, actividades y trabajos,

pide ayuda a quien no tiene la menor fuerza en sus manos.

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