14 ¡Maldito el día en que nací!20.14-18 En esta parte final, el lamento de Jeremías adquiere un tono de honda desesperación. La vida se le presenta como algo absolutamente falto de sentido, en vista de los reiterados fracasos que debió experimentar. Este grito de dolor del profeta tiene un notable paralelo en Job 3.1-19.
¡Que el día en que mi madre me dio a luz no sea bendito!
15 ¡Maldito el que alegró a mi padre
con la noticia de que un hijo varón le había nacido!
16 ¡Que ese hombre sea como las ciudades
que Dios destruye para siempre!20.16 Las ciudades... para siempre: alusión a la destrucción de Sodoma y Gomorra. Cf. Gn 19; Is 1.9.
¡Que oiga de mañana gritos de dolor,
y alarma de guerra a mediodía,
17 pues Dios no me hizo morir en el seno de mi madre!
Así ella hubiera sido mi sepulcro,
y yo nunca habría nacido.
18 ¿Por qué salí del vientre
solo para ver dolor y penas,
y para terminar mi vida cubierto de vergüenza?