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Isaías 47

Caída de Babilonia#47.1-15 La inminente caída de Babilonia debe engendrar en los deportados la esperanza de recuperar su libertad. Esa caída se describe poéticamente en este cap., que presenta ciertas analogías con los oráculos de los profetas contra las naciones (cf., por ej., Is 13—14; Jer 50—51). El tema central de esta sección es el anuncio del juicio de Dios sobre la potencia dominadora, en que se incluye la acusación por los crímenes cometidos, la sanción con todas sus consecuencias y una última advertencia sobre la inutilidad de los ritos idolátricos. La principal acusación se refiere a la crueldad y el orgullo con que el imperio babilónico afirmó su poderío sobre los pueblos sometidos. Cf. Ap 17—18.

1 »Baja, joven Babilonia, todavía sin marido,

y siéntate en el polvo;

baja de tu trono, joven Caldea,

y siéntate en el suelo,

porque ya no volverán a llamarte

tierna y delicada.

2 Toma la piedra de moler

y muele la harina,

quítate el velo,

recógete las faldas,

desnúdate las piernas,

pasa a pie los ríos;

3 que se te vea el cuerpo desnudo,

sí, que quede tu sexo al descubierto.

Voy a vengarme,

y nadie podrá impedirlo con sus ruegos.»

4 Nuestro redentor,

el Dios Santo de Israel,

cuyo nombre es Señor todopoderoso, dice:

5 «Siéntate en silencio,

joven Caldea,

métete en la oscuridad,

porque ya no volverán a llamarte

"reina de las naciones".

6 Cuando estuve enojado con mi pueblo,

entregué mi propia nación a la deshonra

y los dejé caer en tu poder.

Tú no tuviste compasión de ellos,

y pusiste sobre los ancianos tu pesado yugo.

7 Dijiste: "Seré reina siempre";

no reflexionaste sobre estas cosas

ni pensaste cómo habrían de terminar.

8 Por eso, escucha ahora esto,

mujer amante del lujo, que estás tranquila en tu trono,

que piensas en tu interior:

"Yo y nadie más que yo;

yo no seré viuda

ni me quedaré sin hijos."

9 De repente, en un mismo día,

te vendrán ambas desgracias:

quedarás viuda y sin hijos, a pesar de tus muchas brujerías

y de tus incontables magias.

10 Tú te sentías segura en tu maldad,

y pensaste: "Nadie me ve."

Tu sabiduría y tus conocimientos te engañaron.

Pensaste en tu interior:

"Yo y nadie más que yo."

11 Pero va a venir la desgracia sobre ti,

y no podrás impedirlo con tu magia;

caerá sobre ti un desastre

que no podrás evitar;

una calamidad que no esperabas

vendrá de repente sobre ti.

12 Sigue con tus hechicerías

y con las muchas brujerías

que has practicado desde tu juventud,

a ver si te sirven de algo,

a ver si logras que la gente te tenga miedo.

13 Has tenido consejeros en abundancia, hasta cansarte.

¡Pues que se presenten tus astrólogos,

los que adivinan mirando las estrellas,

los que te anuncian el futuro mes por mes,

y que traten de salvarte!

14 Pero, mira, son iguales a la paja:

el fuego los devora,

no pueden salvarse de las llamas.

Porque no es un fuego de brasas,

para sentarse frente a él y calentarse.

15 En eso pararon tus hechiceros,

con los que tanto trato has tenido toda tu vida.

Cada uno por su lado siguió su falso camino

y no hay nadie que te salve.

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