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Isaías 50

1 El Señor dice:

«¡No crean que yo repudié a Israel, madre de ustedes,

como un hombre repudia a su mujer,

o que los vendí a ustedes como esclavos

porque tuviera deudas con alguno!

Ustedes fueron vendidos porque pecaron;

Israel, la madre de ustedes, fue repudiada

porque ustedes fueron rebeldes.

2 ¿Por qué, cuando yo vine, no encontré a nadie?

¿Por qué, cuando llamé, nadie me contestó?

¿Creyeron acaso que yo no era capaz de rescatarlos?

¿Creyeron acaso que no podía libertarlos?

Basta una orden mía para que se seque el mar

y los ríos se conviertan en desierto;

para que los peces se mueran de sed

y se pudran por falta de agua.

3 Yo visto el cielo de luto

y lo cubro con vestido de tristeza.»

Confianza del siervo del Señor en medio del sufrimiento#50.4-9 Éste es el tercero de los «Cánticos del Siervo» sufriente (véase Is 42.1-9 n.). Una vez más, el Siervo se refiere a su misión profética y expresa su confianza en la ayuda divina (cf. vv. 7-9). Esta misión consiste en anunciar la palabra que ha recibido del Señor, y ahora se especifica que son palabras de consuelo para los que están cansados (v. 4). Además, se acentúa el aspecto doloroso de la misión que se le ha confiado: ya no se trata solamente de la duda sobre el éxito de sus esfuerzos (cf. Is 49.4) sino de una abierta hostilidad que llega hasta la agresión física (v. 6).

4 El Señor me ha instruido

para que yo consuele a los cansados

con palabras de aliento.

Todas las mañanas me hace estar atento

para que escuche dócilmente.

5 El Señor me ha dado entendimiento,

y yo no me he resistido

ni le he vuelto las espaldas.

6 Ofrecí mis espaldas para que me azotaran

y dejé que me arrancaran la barba.

No retiré la cara

de los que me insultaban y escupían.

7 El Señor es quien me ayuda:

por eso no me hieren los insultos;

por eso me mantengo firme como una roca,

pues sé que no quedaré en ridículo.

8 A mi lado está mi defensor:

¿Alguien tiene algo en mi contra?

¡Vayamos juntos ante el juez!

¿Alguien se cree con derecho a acusarme?

¡Que venga y me lo diga!

9 El Señor es quien me ayuda;

¿quién podrá condenarme?

Todos mis enemigos desaparecerán

como vestido comido por la polilla.

10 Ustedes que honran al Señor

y escuchan la voz de su siervo:

si caminan en la oscuridad,

sin un rayo de luz,

pongan su confianza en el Señor;

apóyense en su Dios.

11 Pero todos los que prenden fuego

y preparan flechas encendidas,

caerán en las llamas de su propio fuego,

bajo las flechas que ustedes mismos encendieron.

El Señor les enviará este castigo

y quedarán tendidos en medio de tormentos.

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