7 El Señor es quien me ayuda:
por eso no me hieren los insultos;
por eso me mantengo firme como una roca,
pues sé que no quedaré en ridículo.50.6-7 La situación del Siervo sufriente tiene muchas semejanzas con la que se describe en las «confesiones» del profeta Jeremías (véase Jer 11.18—12.6 n.). Sin embargo, las diferencias son también significativas: a diferencia de Jeremías, el Siervo acepta sus padecimientos sin quejas ni reproches (cf. Jer 15.18) y no reclama venganza contra sus enemigos y perseguidores (cf. Jer 11.20; 15.15). Él sabe que el Señor está de su parte (cf. vv. 8-9) y que su recompensa está en las manos de Dios (Is 49.4).