9 Y él me dijo:
«Anda y dile a este pueblo lo siguiente:
"Por más que escuchen, no entenderán;
por más que miren, no comprenderán."
10 Entorpece la mente6.10 La mente: Lit. el corazón. Véase Sal 12.2(3) n. de este pueblo;
tápales los oídos y cúbreles los ojos
para que no puedan ver ni oír,
ni puedan entender,
para que no se vuelvan a mí
y yo no los sane.»6.10 Entorpece... y yo no los sane: Isaías fue enviado a proclamar la palabra de Dios a un pueblo que no estaba dispuesto a escucharla. Aunque trató de hacerles ver y comprender, ellos, empezando por el rey Ahaz (cf. Is 7.12), siguieron sus propios criterios, y no los del Señor. De ahí el resultado paradójico de su predicación: la palabra de Dios anunciada por el profeta, al no ser escuchada ni obedecida, dejó a sus oyentes más ciegos y endurecidos de lo que habían estado antes de oírla. El NT cita con frecuencia estos vv. (Mt 13.14-15; Mc 4.12; Lc 8.10; Jn 12.40; Hch 28.26-27). Cf. Ez 12.2.