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Sirach 44

(44.1—50.29)

1 Voy a hacer el elogio de los hombres buenos,

nuestros antepasados de épocas diversas.

2 El Altísimo les concedió muchos honores

y los engrandeció desde hace mucho tiempo.

3 Reyes que dominaron la tierra,

hombres famosos por sus grandes acciones,

consejeros llenos de sabiduría,

profetas que podían verlo todo,

4 jefes de naciones llenos de prudencia,

gobernantes de visión profunda,

sabios pensadores que escribieron libros,

poetas que dedicaban sus noches al estudio,

5 compositores de canciones, según las normas del arte,

autores que pusieron por escrito sus proverbios,

6 hombres ricos y de mucha fuerza,

que vivieron tranquilamente en sus hogares.

7 Todos ellos recibieron honores de sus contemporáneos

y fueron la gloria de su tiempo.

8 Algunos dejaron un nombre famoso

que será conservado por sus herederos.

9 Y hay otros a los que ya nadie recuerda,

que terminaron cuando terminó su vida,

que existieron como si no hubieran existido,

y después pasó lo mismo con sus hijos.

10 Aquellos, al contrario, fueron hombres de bien,

y su esperanza no terminará.

11 Sus bienes se conservan en su descendencia,

y su herencia se transmitió a sus nietos.

12 Por su fidelidad a la alianza, se mantiene aún su descendencia,

y gracias a ellos viven las generaciones siguientes.

13 Su recuerdo permanecerá siempre,

y sus buenas acciones no se olvidarán.

14 Sus cuerpos fueron enterrados en paz,

y su fama durará por todas las edades.

15 La asamblea celebrará su sabiduría,

y el pueblo proclamará su alabanza.

Henoc y Noé

16 Henoc vivió de acuerdo con la voluntad del Señor

y dejó un ejemplo para todas las edades.

17 Noé fue recto e intachable;

cuando vino la destrucción, él renovó a la humanidad.

Gracias a él quedaron sobrevivientes,

y haciendo Dios con él una alianza, terminó el diluvio;

18 con señal eterna se comprometió con él

a no destruir otra vez a los vivientes.

Abraham, Isaac y Jacob

19 Abraham fue padre de pueblos numerosos;

no manchó nunca su honor.

20 Cumplió las órdenes del Altísimo

e hizo una alianza.

En su propio cuerpo marcó la señal de la alianza,

y cuando Dios lo puso a prueba, se mostró fiel.

21 Por eso Dios le prometió con juramento

que en su descendencia bendeciría a las naciones,

que lo haría tan numeroso como el polvo de la tierra,

y que sus descendientes serían como las estrellas,

que la herencia de ellos sería de mar a mar,

desde el río Éufrates hasta el extremo de la tierra.

22 También a Isaac le hizo igual promesa

en atención a Abraham su padre.

23 Le confirmó la alianza hecha antes,

y así quedó la bendición sobre Israel.

El Señor confirmó a este los derechos de primer hijo,

le asignó su herencia

y los estableció en doce tribus,

cada una con su territorio.

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