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Salmos 73

(Sal 7389)

La bondad de Dios#Salmo 73 Salmo didáctico o sapiencial, semejante por su contenido a los salmos 37 y 49.
1a (1a) Salmo de Asaf.#73.0(1a) Asaf: Véase Sal 50.0(1a) n.

1 1 (1b) ¡Qué bueno es Dios con Israel,

con los de limpio corazón!

2 Un poco más, y yo hubiera caído;

mis pies casi resbalaron.

3 Pues tuve envidia al ver cómo prosperan

los orgullosos y malvados.

4 A ellos no les preocupa la muerte,

pues están llenos de salud;

5 no han sufrido las penas humanas

ni han estado en apuros como los demás.

6 Por eso el orgullo es su collar

y la violencia su vestido;

7 están tan gordos que los ojos se les saltan,

y son demasiadas sus malas intenciones.

8 Con burla, orgullo y descaro,

amenazan hacer maldad y violencia;

9 atacan al cielo con sus labios

y recorren la tierra con su lengua.

10 Por eso la gente los alaba

y no encuentra ninguna falta en ellos.

11 Preguntan: «¿Acaso Dios va a saberlo?

¿Acaso se dará cuenta el Altísimo?»

12 ¡Miren a estos malvados!

Con toda tranquilidad aumentan sus riquezas.

13 ¡De nada me sirve tener limpio el corazón

y limpiarme las manos de toda maldad!

14 Pues a todas horas recibo golpes,

y soy castigado todas las mañanas.

15 Si yo hubiera pensado como ellos,

habría traicionado a tus hijos.

16 Traté de comprender esto,

pero me fue muy difícil.

17 Solo cuando entré en el santuario de Dios

comprendí a dónde van ellos a parar:

18 los has puesto en lugar resbaladizo

y los empujas a la ruina.

19 ¡En un momento quedarán destruidos!

¡El miedo acabará con ellos!

20 Cuando , Señor, te levantes,

como cuando uno despierta de un sueño,

despreciarás su falsa apariencia.

21 Yo estuve lleno de amargura

y en mi corazón sentía dolor,

22 porque era un necio que no entendía;

¡era ante ti igual que una bestia!

23 Sin embargo, siempre he estado contigo.

Me has tomado de la mano derecha,

24 me has dirigido con tus consejos

y al final me recibirás con honores.

25 ¿A quién tengo en el cielo? ¡Solo a ti!

Estando contigo nada quiero en la tierra.

26 Todo mi ser se consume,

pero Dios es mi herencia eterna

y el que sostiene mi corazón.

27 Los que se alejen de ti, morirán;

destruirás al que no te sea fiel.

28 Pero yo me acercaré a Dios,

pues para eso es lo mejor.

, Señor y Dios, eres mi refugio,

y he de proclamar todo lo que has hecho.

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