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Salmos 144

IRB20

1 Salmo de David. BENDITO sea Jehová, mi roca, Que enseña mis manos á la batalla, Y mis dedos á la guerra: 2 Misericordia mía y mi castillo, Altura mía y mi libertador, Escudo mío, en quien he confiado; El que allana mi pueblo delante de . 3 Oh Jehová, ¿qué es el hombre, para que de él conozcas? ¿O el hijo del hombre, para que lo estimes? 4 El hombre es semejante á la vanidad: Sus días son como la sombra que pasa. 5 Oh Jehová, inclina tus cielos y desciende: Toca los montes, y humeen. 6 Despide relámpagos, y disípalos, Envía tus saetas, y contúrbalos. 7 Envía tu mano desde lo alto; Redímeme, y sácame de las muchas aguas, De la mano de los hijos de extraños; 8 Cuya boca habla vanidad, Y su diestra es diestra de mentira. 9 Oh Dios, á ti cantaré canción nueva: Con salterio, con decacordio cantaré á ti.

10 , el que da salud á los reyes, El que redime á David su siervo de maligna espada.

11 Redímeme, y sálvame de mano de los hijos extraños, Cuya boca habla vanidad, Y su diestra es diestra de mentira.

12 Que nuestros hijos sean como plantas crecidas en su juventud; Nuestras hijas como las esquinas labradas á manera de las de un palacio;

13 Nuestros graneros llenos, provistos de toda suerte de grano; Nuestros ganados, que paran á millares y diez millares en nuestras plazas:

14 Que nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; Que no tengamos asalto, ni que hacer salida, Ni grito de alarma en nuestras plazas.

15 Bienaventurado el pueblo que tiene esto: Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová.

1 Salmo di Davide.

Benedetto sia l’Eterno, la mia rocca,

che ammaestra le mie mani al combattimento

e le mie dita alla battaglia;

2 egli è il mio benefattore e la mia fortezza,

il mio alto riparo e il mio liberatore,

il mio scudo, colui nel quale mi rifugio,

che mi rende soggetto il mio popolo.

3 O Eterno, che cos’è l’uomo, che tu ne prenda conoscenza?

o il figlio dell’uomo che tu ne tenga conto?

4 L’uomo è simile a un soffio,

i suoi giorni sono come l’ombra che passa.

5 O Eterno, abbassa i tuoi cieli e scendi;

tocca i monti e fache fumino.

6 Faguizzare il lampo e disperdi i miei nemici.

Lancia le tue saette e mettili in fuga.

7 Stendi le tue mani dall’alto,

salvami e liberami dalle grandi acque,

dalla mano degli stranieri,

8 la cui bocca dice menzogne

e la cui destra giura il falso.

9 O Dio, a te canterò un cantico nuovo;

sul saltèrio a dieci corde a te salmeggerò,

10 che dai la vittoria ai re,

che liberi Davide tuo servitore dalla spada micidiale.

11 Salvami e liberami dalla mano degli stranieri,

la cui bocca dice menzogne

e la cui destra giura il falso.

12 I nostri figli, nella loro giovinezza,

siano come piante novelle che crescono

e le nostre figlie come colonne scolpite

nella struttura di un palazzo.

13 I nostri granai siano pieni

e forniscano ogni specie di beni.

Le nostre greggi moltiplichino

a migliaia e a decine di migliaia

nelle nostre campagne.

14 Le nostre giovenche siano feconde;

e non vi sia breccia, fuga,

grido nelle nostre piazze.

15 Beato il popolo che è in tale stato,

beato il popolo il cui Dio è l’Eterno.

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